miércoles, 10 de febrero de 2010

DECIMAS


Elizabeth Morris

De nuevo perdí la ruta
navego por los desiertos
camino por mares muertos
la noche entera se enluta
El sol se metió en su gruta
los mares se hunden mojados
yo soy un nervio de atados
un llanto largo y profundo
No sé por qué me confundo
con tus amores cansados

De noche muestra la luna
su rostro alumbrado y triste
el cielo al fin se desviste
la muerte mece su cuna
Que al fin la mala fortuna
se vaya a dormir un rato
se quite traje y zapatos
se olvide de mi existencia
Que yo frente a su sentencia
declaro mi desacato

La vida es viaje fecundo
si hay puentes hacia los otros
Volaste el que había en nosotros,
te fuiste por esos mundos
El frío cayó rotundo
Tu olvido mostró los dientes
No sabes cómo se siente
temer este miedo mudo
Pasado el sueño a futuro
no sé vivir el presente

miércoles, 3 de febrero de 2010

HERMANOS

José Bustos B.

-Usted no sabe lo que sabe- le dijo el profesor de la comisión. Ella, sin entender mucho lo que significaban esas palabras, estaba aterrorizada tratando de juntar las letras y de librarse de las lecciones aprendidas de memoria en el viejo Silabario Hispanoamericano. -Es que las letras son diferentes- le reclamó al profesor, mientras éste la miraba impaciente esperando que comenzara a leer.

De pie, frente al curso, Elena estaba rindiendo su examen ante la comisión para pasar a tercer año básico y no había leído nunca otro libro que no fuera el silabario, sus lecciones e historias. Sus compañeros la miraban atentos, algunos también aterrados porque esa situación debía ser enfrentada por todos y cada uno de los alumnos. Otros, los menos, sonreían porque se sentían seguros que pasarían la prueba y entrarían al tercer año. Entre los que sonreían estaba el hermano de Elena, Roberto, el siempre fue más despierto que Elena -al menos eso decían siempre los papás-, aunque ella era tres minutos mayor que él.

Elena se tomó su tiempo, miró a su hermano que continuaba observándola sonriente, comenzó a identificar las letras y a juntarlas, al mismo tiempo que iba leyendo como por "arte de magia". El cuento se llamaba "el ratón agudo" y Elena lo fue pronunciando claramente, respetando comas, puntos seguido y aparte. Al finalizar el profesor la felicitó jalándole cariñosamente una de sus trenzas.

Cada uno de los niños fue levantándose y leyendo el cuento que el profesor les indicaba, algunos leían entrecortadamente, otros lo hacían con rapidez pero sin respetar las puntuaciones, algunos, más nerviosos, tartamudeaban y las palabras demoraban en salir enteras. Así fueron siendo evaluados cada uno de los niños.

Le tocaba el turno al hermano el Elena. El, se puso de pie y el profesor le indicó el cuento que debía leer. Antes de comenzar, Roberto miró a sus compañeros de curso entre los que estaba su hermana, que con cara de relajo lo observaba con curiosidad. Este se quedó mirándola fijamente, desconcentrado, sin poder hilar una sola palabra, temblando, mientras el tiempo transcurría insoportable. Definitivamente el temor no le dejo leer una sola palabra. El profesor se le acercó intentando explicarle y ayudarlo en el desafío, pero el niño no pudo leer.

Roberto se sentó desconsolado y mirando nuevamente a su hermana se echó a llorar sobre su banco, mientras todos lo contemplaban en silencio sin saber que decir. Así, pasaron algunos minutos.

Roberto, con el rostro cubierto, sintió una mano pequeña en su espalda y una voz conocida que le murmuraba: -no tengas pena, desde ahora vamos a estudiar juntos-. Era Elena que se había acercado a consolarlo.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Certeza

José Bustos B.


Hace poco me hicieron una pregunta capciosa y yo respondí que tenía la certeza de que el centro del Universo era tu boca, y que mi corazón giraba entorno a ella como un aerolito. Ellos se rieron y me hablaron del "Giro Copernicano" y otras sandeces científicas. Yo los llamé "ignorantes" porque no supieron interpretar lo que siento.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Espejo de la Melancolìa




Alejandra Pizarnik
(de La Condesa Sangrienta)
¡Todo es espejo!- Octavio Paz





...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma... Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzsébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o -sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. Y a propósito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en su ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles, son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.



Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía el mal del siglo XVI: la melancolía.



Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si , además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.



Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir -en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzsébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.

martes, 1 de diciembre de 2009

Declaración


José Bustos B.


Has sido tan generosa conmigo
Que te desollaría viva ...

lunes, 30 de noviembre de 2009

El viajero de sì mismo


Pablo de Rokha

Voy pisando cadáveres de amantes
y viejas tumbas llenas de pasado,
cubierto con cabello horripilante
del gran sepulcro universal tragado.

Acumulo mi yo exorbitante
y mi ilusión de Dios ensangrentado,
pues soy un espectáculo clamante
y un macho-santo ya desorbitado.

Mi amor te muerde como un perro de oro,
pero te exhibe en sus ancas de oro.
Wínétt, como una flor de extranjería.

Porque sin ti no hubiera descubierto
como una jarra de agua en el desierto
la mina antigua de mi poesía.

martes, 10 de noviembre de 2009

Amantes


José Bustos B.

Algo se activa como un motor fuera de borda. La puerta se cierra y la pasión entra en un ámbito de descontrol apetecido y misterioso. Rápidamente se recorren el cuerpo auscultándose ansiosamente. No se dicen nada. ¿Para qué?. Algunos minutos y la misma pasión desenfrenada desemboca en algún mar de sensaciones. Luego la ropa despojada volverá a su sitio. Beberán algo. La puerta se abrirá. Se besarán. Adiós.