miércoles, 20 de agosto de 2008

¿Es posible ser feliz en un mundo infeliz?

Leonardo Boff

No podemos dejar de preguntar: ¿cómo ser feliz en un mundo infeliz? Más de la mitad de la población mundial está sufriendo, viviendo por debajo del nivel de la pobreza. Hay terremotos, tsunamis, huracanes, inundaciones y sequías.

En Brasil 5 mil familias solamente detentan el 46% de la riqueza nacional. En el mundo 1125 multimillonarios individuales poseen una riqueza igual o superior a la riqueza del conjunto de países donde vive el 59% de la humanidad. El calentamiento global evocó el fantasma de graves amenazas contra la estabilidad del planeta y el futuro de la humanidad. Ante este cuadro, ¿es posible ser feliz? Sólo podemos ser felices junto con los otros…

Es importante reconocer que estas contradicciones no invalidan la búsqueda de la felicidad. La búsqueda es permanente aunque sus resultados sean exiguos. Esto nos obliga a hacer un discurso crítico y no ingenuo sobre las oportunidades de felicidad posible.

En la reflexión anterior sobre este mismo tema, enfatizamos el hecho de que la felicidad sostenible es solamente la que nace del carácter relacional del ser humano. Y seguidamente, la que aprende a buscar la justa medida en las contradicciones de la condición humana. Feliz es quien consigue aceptar la vida tal como es, escribiendo derecho sobre renglones torcidos. Profundizando la cuestión, podemos ahora reflexionar sobre lo que significa ser feliz y estar feliz. Pedro Demo, en mi opinión una de las mejores cabezas de la inteligencia brasilera, fue quien mejor estudió entre nosotros la Dialéctica de la Felicidad (3 tomos, 2001). Él distingue dos tiempos de la felicidad, y lo acompañamos en eso: el tiempo vertical y el tiempo horizontal. El vertical es el momento intenso, extático y profundamente realizador: el primer encuentro amoroso, haber pasado en un concurso de oposición difícil, el nacimiento del primer hijo. La persona está feliz. Es un momento impactante, muy realizador, pero pasajero.

El horizontal es el que se extiende por el día a día, como la rutina con sus limitaciones. Manejar sabiamente los límites, saber negociar con las contradicciones, sacar lo mejor de cada situación: eso hace a la persona ser feliz.

Tal vez el matrimonio nos sirva de ilustración. Todo empieza con el enamoramiento, la pasión y la idealización del amor eterno, lo que lleva a querer vivir juntos. Es la experiencia de estar feliz. Pero, con el pasar del tiempo, el amor intenso cede el paso a la rutina y a la reproducción de un mismo tipo de relaciones con su desgaste natural. Ante esta situación, normal en una relación a dos, hay que aprender a dialogar, a tolerar, a renunciar y a cultivar la ternura sin la cual el amor se extenúa hasta convertirse en indiferencia. Aquí es donde la persona puede ser feliz o infeliz.

Para ser feliz a lo largo del tiempo se necesita invención y sabiduría práctica. Invención es la capacidad de romper la rutina: visitar a un amigo, ir al teatro, inventar un programa. Sabiduría práctica es saber desproblematizar las cuestiones, aceptar los límites con levedad, saber rimar dolor con amor. Si no se hace eso, se es infeliz toda la vida.

Estar feliz es un momento. Ser feliz es un estado prolongado. Éste se prolonga porque es siempre recreado y alimentado. Alguien puede estar feliz siendo infeliz, es decir, tiene un momento intenso de felicidad (momento) como el reencuentro con un hermano que escapó de la muerte, igual que puede ser feliz (estado) sin estar feliz (momento), es decir, sin que le suceda algo arrebatador.

La felicidad participa de nuestra incompletez. Nunca es plena y completa. Hago mía la brillante metáfora de Pedro Demo: «la felicidad participa de la lógica de la flor: no hay cómo separar su belleza de su fragilidad y de su ajamiento».


lunes, 21 de julio de 2008

Mi homenaje para un Profeta

Me llamarán subversivo.

Y yo les diré: lo soy.

Por mi pueblo en lucha, vivo.

Con mi pueblo en marcha, voy.

(Pedro Casaldáliga)

Pere Casaldáliga i Pla nació un 16 de febrero de 1928 en Barcelona -España. En 1952 fue ordenado sacerdote y se unió a la orden de los Claretianos. Desde ese momento desarrolló un estilo de vida sencillo y sin estridencias. Poeta, profeta y místico a desarrollado gran parte de su apostolado en Brasil, país en el que fue ordenado obispo de Sao Felix de Araguaia (Mato Grosso) el 23 de octubre de 1971.

En su vida a sufrido intentos de asesinato, a sufrido la perdida de sus más cercanos colaboradores asesinados por sicarios contratados por terratenientes y a sufrido la persecusión de su propia Iglesia por simpatizar con la Teología de la Liberación.

Hace diez años exactamente tuve el honor de conocer a Don Pedro en un almuerzo en la ciudad de Curitiba (Brasil). Me impresionó su trato cordial, su convición al hablar y su compromiso sostenido con los más pobres.

En ese momento no supe muy bien como reaccionar ante su presencia y sus palabras sabias, lo único que atiné a hacer fue descorchar una botella de vino tinto que me habían envíado mis papás, junto con otras cosas desde Chile, y le obrecí un vaso. El aceptó con mucho gusto. Supongo que uno no siempre tiene la oportunidad de compartir un vaso de vino con un Profeta.

Este año Pedro Casaldáliga cumplió 80 años y ni siquiera la enfermedad de Parkinson a logrado detenerlo en su camino de anunciar el Evangelio de la mano de los más pobres.

Salud Don Pedro!!!!



sábado, 5 de julio de 2008

Salvador Allende a los jóvenes de este tiempo

Allende 100 años

José Bustos B.



Hemos sido testigos de toda la parafernalia oficial para conmemorar los 100 años del nacimiento de Salvador Allende. Una especie de cargo de conciencia de los partidos políticos y el gobierno que creen posible calmar con homenajes rimbombantes y gastando muchos billetes. Es el Allende oficial con sello postal incluido, el Allende de fantasía que aparece dándoles la espalda a los ciudadanos, a los estudiantes, a los indígenas, etc.

Precisamente en estos momentos en que la lucha que han decidido emprender miles de jóvenes estudiantes de educación media y universitaria a sido de alguna manera acallada por los medios de comunicación, la figura de Salvador Allende es manipulada hasta quitarle el alma y convertirla apenas en una figura de piedra emplazada frente a la Moneda, sitio infranqueable para aquellos ciudadanos que quieran manifestar su descontento.

De todos los sectores de la sociedad, es a los jóvenes a los cuales Salvador Allende siempre habló franca y directamente manifestándoles su esperanza. ¿En la actualidad Salvador Allende tendrá algo que decirles a los jóvenes? Recordemos que en el primer a año de su mandato siempre les habló animadamente: "Yo quiero entonces dirigirme a ustedes, para señalar el papel trascendente que tiene la juventud en el proceso revolucionario que Chile está viviendo. Me refiero a la juventud elementalmente de la Unidad Popular y me refiero a juventud chilena también, más allá de las fronteras de la organización que agrupa a los partidos que tienen la base política de la Unidad Popular " (a la XXª Conferencia de la Federación Juvenil Socialista (FJS), agosto de 1971).

El mensaje de Allende va dirigido a los jóvenes de una determinada generación influidos por los acontecimientos políticos y sociales de esos años. Sin embargo, en mi opinión, en las palabras de Allende pueden hallarse elementos que trasciendan generaciones y contextos históricos.

Allende le hablaba a todos los jóvenes que entendían que Chile debía experimentar cambios estructurales profundos y que en ese proceso ellos debían "ser base y motor" y "factor dinámico de las transformaciones".

Allende reconoce en los jóvenes la vitalidad que debe existir para enfrentar desafíos de alto vuelo e incluso los reconoce como interlocutores válidos para discutir con ellos a la hora de realizar grandes cambios:" (…) creo que es indispensable que los hombres de Gobierno, los jefes sindicales, los dirigentes políticos de máxima responsabilidad busquen el diálogo y el contacto con la juventud. Deben hacerlo, porque indiscutiblemente son los jóvenes, por el hecho de ser jóvenes, los que deben ser más permeables a las corrientes renovadoras, al pensamiento creador, a la voluntad de acción constructiva y revolucionaria." (A los estudiantes de la Universidad de Concepción, 4 de mayo de 1972).

En estos fragmentos Allende da a conocer la confianza y necesidad de contar con los jóvenes para construir el futuro de Chile. ¿Qué pensaría Allende cuando actualmente se reprime y se persigue a los jóvenes que luchan por tener una mejor educación?

A su vez, con la experiencia de un viejo luchador social, los invita a conservar la calma, a no "afiebrarse" -incluso a aquellos que pedían un "fusil"- cuando los procesos se vayan dando de manera lenta ya que estos "no pueden imponerse por decreto" y que por el contrario los jóvenes deben preparase para enfrentar los obstáculos que en cada proceso social puedan darse: "Muchas veces he sostenido que la juventud tiene una doble misión: actuar y prepararse para actuar. La juventud tiene que capacitarse no sólo políticamente, sino en el conocimiento de una técnica, de una carrera, de una profesión." (A los jóvenes de XXª Conferencia de FJS…).

Precisamente a aquellos jóvenes que han tenido la oportunidad de estudiar en la Universidad, Allende les asigna una mayor responsabilidad a la hora de actuar: "…ser universitario en cualesquiera de las universidades chilenas, tiene la obligación fundamental de entender que es universitario porque millones de chilenos, con su trabajo anónimo, ignorado, miles de obreros, campesinos y empleados, con su esfuerzo, crean las condiciones materiales para que se levanten estas universidades. No deben dejar de recordar que la inmensa mayoría de ellos nunca pudo pasar por la universidad, nunca va a poder pasar todavía por una universidad." (A los jóvenes de la Universidad de Concepción…)

Por otra parte, Allende crítica vehementemente a todos quienes se dicen "revolucionarios" y no son capaces de reconocer que cada momento histórico es fruto de una construcción concadenada con otros hombres y mujeres que se comprometieron y sacrificaron: "Muchas veces, yo también pongo pasión para criticar a algunos revolucionarios que no sienten el contenido de nuestra propia historia, que no le dan los valores reales que tienen a los hombres que en esos momentos realizaron la gran batalla de nuestra independencia, que no vibran con las gestas heroicas que nacieron de la pujanza del pueblo, a través de O'Higgins, los Carrera y Manuel Rodríguez, guerrilleros del pueblo que han esculpido el perfil nacional que desde entonces tenemos".

El legado de Allende para los jóvenes chilenos de este tiempo es de confianza en las energías y las capacidades innovadoras de estos, pero al mismo tiempo les recuerda la necesidad permanente de prepararse para nuevos desafíos, ser solidarios con los problemas concretos de nuestra sociedad: "¿Qué vamos a hacer por la juventud obrera? ¿Qué vamos a hacer por la juventud campesina? ¿Qué vamos a hacer por ustedes en cuanto a becas, hogares? ¿Qué vamos a hacer por el deporte? ¿Qué vamos a hacer por los estudiantes de los sectores medios?" (A los jóvenes de la Universidad de Concepción...).Al mismo tiempo los invita a mantener el recuerdo vivo de quienes han luchado antes que ellos por hacer de Chile un país más justo e igualitario: "…a estudiar, a prepararse, a ser buenos técnicos, a estudiar doctrina revolucionaria, a tamizar en las ideas y los principios generales, para hacer con ellos una receta justa frente a nuestra realidad! ¡A hacer de ustedes una bullente y permanente asamblea de las ideas, al margen de la violencia! ¡Nunca rechazar al adversario, por el solo delito de pensar distinto! ¡A hacer de la juventud un pivote de la unidad! (…) (A los jóvenes de la U. De Concepción).

Allende siempre tuvo presente a la juventud chilena, incluso en los momentos más dramáticos tuvo palabras de agradecimiento y despedida: " Mi dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha". (11 de septiembre de 1973).

jueves, 26 de junio de 2008

EN ESTE SUELO HABITAN LAS ESTRELLAS


Elicura Chihuailaf

En este suelo habitan las Estrellas
En este cielo canta el Agua
de la imaginación
Más allá de las nubes que surgen
de estas aguas y estos suelos
nos Sueñan los Antepasados
Su Espíritu -dicen- es la Luna Llena
El Silencio: su Corazón que late.

sábado, 7 de junio de 2008

30 de junio de 1520 Teocalhueyacan: "La Noche Triste".

Eduardo Galeano (de "Memoria de Fuego")

Hernán Cortés pasa revista a los pocos sobrevivientes de su ejército, mientras la Malinche cose las banderas rotas.

Tenochtitlán ha quedado atrás. Atrás ha quedado la columna de humo que echó por la boca el volcán Popocatépetl, como diciendo adiós, y que no había viento que pudiera torcer.

Los aztecas han recuperado su ciudad. Las azoteas se erizaron de arcos y lanzas y la laguna se cubrió de canoas en pelea. Los conquistadores huyeron en desbandada, perseguidos por una tempestad de flechas y piedras, mientras aturdían la noche los tambores de la guerra, los alaridos y las maldiciones.

Estos heridos, estos mutilados, estos moribundos que Cortés está contando ahora, se salvaron pasando encima de los cadáveres que sirvieron de puente: cruzaron a la otra orilla pisando caballos que se habían resbalado y hundido y soldados muertos a flechazos y pedradas o ahogados por el peso de las talegas llenas de oro que no se resignaban a dejar.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Los desesperados y los que ya no esperan.

José Bustos B.

El paro de micros se había anunciado desde temprano, sin embargo, sin hacer caso decidí no posponer mi vida social por culpa de un sistema inoperante.

Ahora estaba en Plaza Italia, corazón de Santiago, cuando eran cerca de las 0 horas y una neblina tenue acompañada de un intenso frío comenzaba a caer sobre quienes esperabamos la "micro" para diriguirnos a nuestros hogares. Eramos alrededor de 40 personas entre las que se encontraban niños, adolescentes, obreros, empleadas domésticas, estudiantes. Todos unidos por una circunstancia común.

Sin embargo entre todas las personas que esa noche esperaban, había una que no estaba en esa actitud, era un mendigo que sentado observaba cada uno de los movimientos de quienes ahí estabamos; sonreía de vez en cuando, bostezaba, caminaba un poco y volvía a sentarse, sin manifestar mayor preocupación. En medio de todos los "peatones" que obligados nos habíamos dado cita en ese lugar, estaba un mendigo que sin tener donde ir, ni tener familia, ni estar obligado a levantarse temprano para tener que ir a trabajar o estudiar, no esperaba nada y hasta -creo- nos observaba con cierto gusto, tal vez pensando que en aquella circunstancia él era un privilegiado.

Había transcurrido casi una hora y media cuando uno de los jóvenes que parecía estudiante, comenzó a comentar que era mejor diriguirse a una patrulla de carabineros que estaba detenida en el sector para pedirles a ellos que nos dieran una solución. Todos consideramos razonable la propuesta y así iniciamos una marcha hacía el furgón de carabineros. Esa pequeña procesión variopinta ya la hubiese querido para sí algún movimiento político-social. Pero eramos solo un grupo de seres humanos que exigidos por la situación habíamos decidido "cortar por lo sano".

Llegamos frente al furgón y le exigímos a carabineros que nos ayudaran. "Veremos que se puede hacer", nos respondió un uniformado. Mientras seguían pasando los minutos y el sector de Plaza Italia se iba volviendo desierto. Regresamos al paradero con la esperanza de que ahora que habíamos hablado con la "autoridad" todo sería distinto. Mientras todo eso ocurría el mendigo seguía observando calmadamente los pormenores de aquellos trámites.

Luego de haber esperado otros 30 minutos aproximadamente, se divisó a lo lejos en medio de la soledad de Avenida Vicuña Mackena una micro escoltada por carabineros. Eran alrededor de las dos y media de la madrugada. En eso el mendigo -que no había parado de observar todo aquello- sacó de entre sus ropas un cigarro, le pidió fuego a uno de los obreros, le dió una gran chupada al pucho y se marchó tranquilamente entre la niebla que comenzaba a inundar Santiago.

lunes, 12 de mayo de 2008

Acción de Gracias



Frei Betto

Doy gracias al Señor por la fe que me arrebata y me quema, que calcina mi espíritu y me hace atravesar las noches de oscuridad, y me ilumina de relámpagos, y dobla mis rodillas ante el Misterio, y arranca de mis secos labios susurros orantes.

Gracias al Señor por la mirada tierna de la madre inclinada junto a la cuna y del padre inflamado de clamores de justicia, y de la familia que se interroga de cara al futuro, intimidada por las vicisitudes de una política paralizante, pero sin desalentarse en la lucha ciudadana por derechos y conquistas.

Gracias al Señor por los navíos que enarbolan banderas en el horizonte de la utopía y desalojan de sus bodegas la memoria de los excluidos, y por los cazadores de esperanza que nunca pierden de vista su objetivo, y por los peregrinos que se niegan a interrumpir sus pasos a cambio de una estabilidad tan inepta como pájaros disecados.

Doy gracias por el encantamiento de la palabra, por su fuerza creativa, volcánica, instauradora de odios y de amores, y por su eco inaudible en los subterráneos de la conciencia, ahí donde el verbo se hace carne transubstanciándose en espíritu y revelando las profundidades de la verdad.

Gracias por los que se rehúsan a hacer guerras y exponen al ridículo la arrogancia de los poderosos, que hacen inviables el equilibrio de fuerzas, pues saben que la paz es hija de la justicia y que la política se cura de la locura cuando, convertida en llave, abre los grilletes que oprimen a los pobres.

Gracias al Señor por el Big Bang y las explosiones solares, las supernovas que reinauguran la Creación, por los quars centrados en el misterio de la Trinidad, los fotones que nos traen luz, los teoremas de Pitágoras, el heliocentrismo de Copérnico, la insumisión de Galileo, la manzana de Newton y el ascensor del departamento de patentes de Einstein.

Le doy gracias al Señor por quien, desprovisto de tierra, se yergue lleno de dignidad y se cobija bajo una lona negra para escapar de la favelización urbana, y desenmascara la ley injusta, la prepotencia del latifundio y la agresividad bélica de quienes se creen portadores de escrituras divinas.

Gracias por el silencio de los monjes enclaustrados, por la quietud de las bibliotecas abaciales, por el tono suave, repetitivo y solemne del canto gregoriano, la sensualidad de las curvas góticas, la irreverencia del barroco y la belleza hermafrodita de los ángeles.

Doy gracias por tanta debilidad subyacente a nuestras petulantes apariencias, por la carencia indignada de nuestra subjetividad, cara opuesta de la mentira, el soborno y la falsa promesa, y nos hace alejarnos de nosotros mismos para que, distanciados por hacer lo que no somos, seamos capaces de comenzar de nuevo.

Señor, gracias por tu amor reflejado en la cara de los dementes, y por el tamaño inconmensurable de tu perdón para quien dobla su corazón en súplica, y por tu complicidad con quien rompe leyes y cánones para no traicionar nunca la propia conciencia.

Gracias por los gobernantes que tratan de quitarse la sed en el pozo frío de la humildad y no despiden a los pobres con las manos vacías, que plasman las promesas en compromisos, y toman decisiones, traduciéndolas en alegrías efectivas.

Doy gracias al Señor por el trazado irregular de la vida, y por tantas curvas en los afectos, y por las sorpresas diarias que aplacan desesperanzas, y por las amistades indelebles, y por los encuentros de inesperadas alegrías, por el peso leve del fardo amado, por el vigor de los abrazos que sacramentan lazos definitivos, y por la identidad que se traduce en la limpieza de la mirada.

Gracias por el banco de la plaza y los ancianos entretenidos en juegos memorables, por la campana que repica en la torre del campanario, por el heladero asediado por niños, por la joven fea adornada de belleza por un corazón apasionado, correspondida por el galán hermoso que dio la espalda a otros rostros que se creían bonitos.

Doy gracias por el chal que abriga a la mujer en la silla del columpio, acunada de recuerdos, y por la carrera del niño repleto de júbilo al encuentro del compañero, y por el florero que da color a la ventana, y por la foto de los abuelos sobre la mesita de noche, y por el vino noble guardado para una ocasión especial, y por el pan untado de mantequilla litúrgicamente servido y sorbido en el café con leche.

Gracias, Dios, por la poesía y por la duda, por la matemática y tan pocas adicciones en una vida de substracciones, por la filosofía y la estupidez de los escépticos, por los bellos horizontes y las tardes de rayos y truenos, por los premios y las derrotas, por el éxito y el fracaso, por lo que se habla y por lo que se calla.

Gracias en fin por la vida y por la muerte, esa señora que nos aguarda con los brazos abiertos en una esquina de la existencia, pronta a seducirnos y llevarnos irremediablemente a tu presencia, donde al final entenderemos por qué todas tus acciones son de gracia.